La Desconferencia 2008 y el Brill Building

julio 3, 2008

Aprovecho la llegada de la jornada intensiva para comentar que hace unos días asistí a una nueva edición -segunda en Madrid- de lo que se viene a llamar Desconferencia.

Básicamente, se trata de una reunión de amiguetes con el fin de conversar -bajo el formato de miniponencia- sobre diseño, Internet, innovación y demás.

Se tocaron algunos temas que me parecieron interesantes que paso a comentar a través del hilo conductor de lo que fue mi propia charla: una reflexión sobre las claves del éxito en los compositores del Brill Building.

1. ¿Qué es el Brill Building?

Basta decir lo que se conoce como “Brill Building” es, en realidad, un conjunto de dos o tres edificios -incluyendo el propio Edificio Brill- de oficinas situados en Broadway, Nueva York, un poco más al norte de Times Square.

Si por algo se conoce a este “edificio” es por representar el auge de la música pop de finales de los 50 y principios de los 60. Una música pop apenas formada como vertiente comercial de todo el revuelo generado por el rock’n’roll.

Por entonces, el proceso de creación musical mainstream era el heredado del Tin Pan Alley: Un compositor (generalmente dos: letra y música) creaban la canción, que era adquirida por una editora (como Aldon Music), que vendía los derechos a una discográfica (como Philles), que se encargaba de buscar un artista (como Gene Pitney) y un productor (como Phil Spector) que lo grabara con la ayuda de un arreglista (como Jack Nitzsche). Una vez que existía el disco (sencillo, casi siempre), el último paso lo daba la radio, con la emisión de las canciones y principal acceso al público.

Aunque prácticamente todo ese proceso se podía llevar a cabo sin salir del 1650 de Broadway, por lo que era éste especialmente popular es por ser el lugar de trabajo de las editoras y, por lo tanto, de sus compositores asociados. Compositores por entonces desconocidos, como Burt Bacharach, Carole King, Mort Shuman, Cynthia Weil, Doc Pomus o los pioneros Leiber & Stoller, entre muchos otros. Casi todos eran chavales judíos de Brooklyn amantes de la música negra y del rhythm & blues que jamás pensaron que su afición serviría para gran cosa.

Para más información, podéis empezar por el enlace de la Wikipedia y navegar en profundidad.
Si os gusta el tema, el libro de Ken Emerson que aparece citado ahí es el mejor de los que he leído sobre la época.

2. Las claves del éxito

Pese a la apariencia de fragilidad, la fórmula resultó efectiva y funcionó durante más de una década, convirtiendo a estos compositores en referentes de la música popular del siglo XX, totalmente reivindicados en el panorama musical actual. ¿Qué pudo ocurrir para que así fuera?

En primer lugar creo que se sitúa la impresionante capacidad de copiar, de copiar bien. Si el rock’n’roll tenía sus bases en el rhythm & blues y la música country, los compositores del Edificio Brill le añadieron además una buena dosis de canzone italoamericana, un poco de musical de Broadway, algo de música klezmer y del jazz más lounge y, como remate, diversos toques de músicas de moda, especialmente latinas, tanto en arreglos como en la sección rítmica.

Incluso eran buenos copiando lo ya copiado, mezclando acordes y patrones y llegando a una nueva canción a partir de pequeñas modificaciones y portentosos puentes sobre lo que había sido un éxito el mes anterior.

Dentro de la Desconferencia, hubo espacio para conversar sobre la lucha entre patrones de diseño e innovación. Incluso de cómo lograr una innovación a partir de jugar con patrones de diseño y sacarlos de contexto.

Para compensar lo anterior, se ha de ser justos y reconocer que buena parte de los éxitos salidos del Brill Building provenían de la espontaneidad, de momentos de inspiración, de relajación. Tomas grabadas a última hora, voces que entraban mal, canciones casi desechadas, prisas fruto de la presión, la falta de un saxo que tuvo un accidente o arreglos que se salían de lo establecido han escrito buena parte de la historia del pop clásico.

También hubo debate para preguntarse sobre la inspiración, de dónde venía, dónde podíamos conseguirla, si realmente existía… Desde luego, si salió en el Brill Building y no en otro sitio, fue por algo.

En mi opinión, también fue una clave de éxito la orientación hacia el resultado final ante lo desconocido. El objetivo era el adolescente americano medio, con su coche descapotable y su eufórica candidez (si es que no es oxímoron) y no se sabía mucho sobre él. Es bien sabida la afición de Phil Spector a “testar” todas sus canciones en un coche como el que usaba su público teen, restando cualquier importancia a la ecualización ortodoxa, o a la verosimilitud del sonido proveniente del jazz.

Otro tema del que se pudo hablar fue la falta de un “cuerpo teórico” dentro del diseño de interacción, en comparación con -por ejemplo- el diseño gráfico. ¿Tan faltos de referencias fiables como Spector? ¿Tan necesitados de un observatorio de diseño?

El advenimiento de lo nativo llegó con Ellie Greenwich y produjo un terremoto en el Sonido Brill. Ellie era un poco más joven y no tenía muchas más influencias que… ¡la propia música pop que sus colegas habían creado! Su agilidad y su facilidad para entender la manera de la que se tenía que componer un hit, así como el hecho de que compusiera junto a su marido, Jeff Barry, sin repartirse la letra y la música, rompió los esquemas iniciales y la convirtió en favorita de discográficas y público.

Por último, citar la importancia de los medios, con el escándalo Payola incluido. Sin medios, sin emisión de radio, estas canciones no habrían llegado a nada.

3. El ocaso

A finales de los años 60 el espíritu del Brill Bulding estaba prácticamente muerto. ¿Qué había pasado?

Por un lado, la copia mejorada. El colectivo negro, que monopolizaba los mejores intérpretes, decidió formar sus propias discográficas y tener sus propios compositores. De ahí salió la Motown que, con un concepto musical similar al de los de las empresas implicadas en el Edificio Brill consiguió superarlas.

Por otro, la negación. De la mano de Bob Dylan se empezó a recuperar el rock’n’roll y el blues de los años 50, destacando su independencia de los intereses comerciales que contaminaba a las producciones Spector y a los compositores del Brill Building.

El temor a la comercialidad salió en relación con la estrategia comercial de algunas empresas que utilizan el diseño de forma muy eficiente como una herramienta para un consumo dirigido. ¿Qué sentir ante algo así? ¿Admiración? ¿Miedo?

Por último, la evolución. Los Beatles y demás grupos de la “Invasión británica” empezaron cantando por Carole King para acabar destruyendo la cadena de trabajo del Edificio Brill. Ellos mismos empezaron a componer sus propias canciones, a seleccionar a su productor, a tener su propia discográfica, a grabar en stereo. Las maquetas ya no las hacía el “compositor”, ni siquiera el “intérprete”. Había nacido la figura del “artista pop”. Esto motivó el abandono de sus propios creadores y su reconversión en cantautores folkies, expertos en canción melodramática, autores de bandas sonoras, o su decidida apuesta por unirse a esas nuevas bandas de pop.

Como se comentó en la Desconferencia, nuevas técnicas (desde bioinformática, a herramientas y estándares direfentes, pasando por cambios en la mentalidad de los usuarios) aparecerán y harán que el trabajo en torno al diseño y a las nuevas tecnologías cambie, se fundan los roles y se flexibilice nuestra profesión.

Ahora, como regalo por llegar al final, algo que me pidieron unos cuantos asistentes ;-)


Box set: The Brill Building Sound (1993)
MP3, 192 kbps, 44 khz, sin portadas ni libreto.

Disco 1
Disco 2
Disco 3
Disco 4

4 comentarios to “La Desconferencia 2008 y el Brill Building”

  1. ana Says:

    Si ya el año pasado nos dejaste encantadísimos con tu ponencia, este año no podía ser menos. Qué lástima perderse estas cosas.

    GRACIAS : )

  2. carlos Says:

    wow, alguien lee esto… ;-)

    muchas gracias a tí, ana

  3. cristini Says:

    Ahora que leo un comentario tuyo en el blog de denegro… vuelvo a acabar en el tuyo.
    Claro que alguien lee esto! Flipé con este último post cuando lo leí, pero no me atreví a dejar comentario ;)


  4. Jo, lo que tiene que haber molado escucharte allí.


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