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Jacobo Siruela y los eBooks

enero 28, 2011

Jacobo Siruela es una persona de fiar.

No es la primera vez que recurro a él porque creo que su claridad de ideas y sensatez es necesaria en un mundo donde cada vez hay más espacio para la opinión y menos para la reflexión.

Aunque el libro electrónico es práctico en muchos sentidos […] Atalanta no hará libros electrónicos. Sería traicionar nuestra filosofía.

Estamos a favor del objeto sensual, y en contra de la aséptica e impersonal funcionalidad del eBook. El mundo se tornó horrible cuando lo funcional sustituyó a lo bello y nuestro anhelo es restituir lo bello en un mundo cada vez más funcional […]

En Atalanta intentamos conciliar el placer intelectual con el sensual. Y ambas exigencias nos parecen lo importante.

Todo esto — muy en la línea de lo que avanzaba hace unos meses su esposa Inka Martí — aparece en “64 respuestas. Editores y estrategia digital”, una reciente serie de entrevistas realizadas por la gente del recomendable sitio Anatomía de la edición.

Por un lado, me alegra enormemente comprobar en que no soy el único en pensar que los libros digitales, hoy en día, carecen de ningún cuidado editorial que los haga mínimamente sensuales, íntimos, apetecibles.

A diferencia de los soportes para música o cine, y a también de la mera información, la literatura es continente y contenido. Como decía Juan Ramón Jiménez, “en edición diferente los libros dicen cosa distinta”.

Teniendo en cuenta las razones que justifican la creación de Atalanta, las palabras de Jacobo Siruela me parecen un ejercicio de coherencia.

Por otro lado, tengo cierta fe en un futuro mejor en ese sentido.

Existen pérdidas inevitables asociadas a pasar de algo físico a algo digital, que se pueden ver relativamente compensadas con algunas otras ventajas (flexibilidad, adaptación). Pero una parte importante de lo que hace a un libro bello y sensual no son sus materiales, sino su edición, su diseño editorial. El cuidado y cariño que se deja en un texto en el que el lector se va a abandonar, se va dejar llevar. Con el que va a compartir un pedacito de su vida.

Yo mismo he sido testigo de cómo el tratamiento de la información ha mejorado, se ha humanizado, a lo largo de los últimos tiempos en la web. Hoy en día, diseño e Internet son dos palabras que van ligadas.

Creo que con los libros electrónicos debería pasar algo parecido.

Parecido, pero no igual. Pese a las similitudes (incluso técnicas) entre un ebook y una página web, existe una diferencia de contexto que obliga a diseñar menos para la interacción y la eficiencia y mucho más para la reflexión y la introversión. Un poco en la línea marcada por Instapaper. Y en la del “diseño paciente” de mi buen amigo Diego.

Para ello se necesita tanto una estandarización mejor que la actual entre los diferentes programas de lectura de ebooks como una interiorización del problema por parte de las editoriales.

Puede que nunca sea algo comparable. Y, por ello, puede que Atalanta nunca deba publicar eBooks. Pero, en cualquier caso, el buen diseño editorial en el libro electrónico sólo podrá ser bueno para la literatura.

Reflexiones sobre el diseño

agosto 10, 2010

En el reciente retiro estival, durante el viaje de vuelta en tren, tuve – a partir de un texto de Otl Aicher – una interesantísima charla con Antonio (compinche de placeres cotidianos en Compartir es vivir) acerca del diseño.

En líneas generales, Antonio defendía al diseño como parte de los diferentes oficios que se pueda desempeñar. Una parte inherente y más orientada al acabado final, a la estética, y no especialmente diferenciada del resto de tareas.

Mi visión coincide en algunos puntos pero difiere totalmente en otros. En mi opinión lo más característico de diseñar es, sobre todo, el utilizar un modo propio y singular de acercamiento a un problema.

En el fondo, no estábamos tan alejados. Ambos estamos de acuerdo en el placer que nos producen los productos y servicios bien diseñados y el horror deshumanizado de muchas soluciones de ese supuesto “diseño” que sirve para todo. El debate se centra más bien en la naturaleza del diseño.

Éste es un tema un tanto conflictivo y, supongo, de difícil solución a día de hoy.

Sin embargo, como es un asunto que me encanta, apunto aquí algunas de mis pensamientos más (relativamente) consolidados sobre el tema, basado en mi propia experiencia, con la intención de abrir el debate:

1. Sobre el diseño

1.1. ¿Qué es diseño?
Para mí, el diseño es planificación. Es la definición de cómo se debe hacer algo para conseguir un determinado fin.

1.2. ¿Qué no es el diseño?
El estilo, la moda, la firma, el arte aplicado, la estética sin argumento. A día de hoy es bastante habitual confundir diseño con estilo o incluso con manierismo, el famoso “de diseño” como sinónimo de “modernillo”. Dentro del diseño puede haber, por supuesto, tendencias. Supongo que el abuso de esas tendencias (de gran impacto en el acabado final) por parte de los diseñadores es el culpable de todo esto.

1.3. Entonces, ¿todo es diseño?
Prácticamente sí. Cualquier cosa medianamente planificada, meditada o pensada un poquito, es algo diseñado. Otra cosa es que esté bien o mal diseñado. Creo que cuando hablamos de diseño hablamos, sobre todo, del hecho de pensar – de manera consciente – lo que sea más útil o cómodo para las personas.

2. Caracteristicas

2.1. ¿Por qué se caracteriza?
Para mí el diseño se caracteriza por ser es una manera de encontrar soluciones aproximativas a los problemas a través de la creatividad. Para ello, se prioriza, se diseña siempre desde lo más probable, no desde todo lo posible.

Esto lo entronca con el ser humano y sus necesidades, su uso, su contexto. Para ello se necesita entrar en un modo de trabajo distinto, donde las soluciones, al principio meras apuestas a partir de los requisitos y el contexto, se toman desde un punto de vista general y se van enfocando y refinando para contrastarlas, pasando del “diseño conceptual” al “diseño detallado”.

En mi opinión, esa manera de pensar es diferente, tiene una entidad propia.

2.2. ¿El diseño es arte?
No, en absoluto. El diseño, al igual que el arte, es creativo. Sin embargo, mientras que el objetivo de esa creatividad en el diseño es ayudar a resolver problemas mundanos, en el arte es el mucho más loable de expresar y representar emociones.

2.3. ¿El diseño es ingeniería?
No, tampoco. La ingeniería es pura ciencia aplicada y los principios científicos del diseño son muy débiles. Como consecuencia, la ingeniería es mucho más metodológica y precisa (una solución de ingeniería puede ser objetivamente mejor que otra), mientras que el diseño es más de patrones y de argumentación.

2.4. Entonces, ¿no hay reglas?
El diseño no es mera especulación. Una cosa es practicar una profesión aproximativa (vista general, apuesta, foco, y otra vez a empezar) y otra que ésta no tenga bases y principios en los que sustentarse.
Se podría decir que en diseño puede haber muchas soluciones potencialmente correctas, pero muchas más indudablemente incorrectas.

2.5. ¿Para qué sirve?
Diseñar, planificar, un poco es casi obligatorio antes de empezar cualquier cosa pero, en algunas ocasiones – no todas – es necesario diseñar bastante para obtener algo más que soluciones rugosas, incómodas, mecánicas, meramente operativas o directamente sin sentido, que, por mucha “carcasa” que se le ponga, nunca dejarán de serlo. No obstante, un estupendo diseño sin producto se perderá en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es asunto de cada uno saber en qué tarea invertir más tiempo, según el caso.

3. Disciplina

3.1. ¿Desde cuando se hace diseño?
Desde el principio de los tiempos. Como he comentado, casi cualquier cosa que se utiliza está mínimamente diseñada, así que desde que alguien pensó un poco lo que quería hacer antes de ponerse a ello y le dio un par de vueltas, ese alguien estaba diseñando. Y, en ocasiones, muy bien.

3.2. ¿Es una profesión?
Profesiones con una gran carga de diseño, como artesanos, arquitectos o inventores han existido desde hace mucho tiempo. Sin embargo, la figura del diseñador como tal es un producto de principios de la primera mitad del siglo XX. Con el auge del racionalismo la disciplina de diseño cobró importancia por sí misma, se inició su formación y se formalizaron los principios que se venían aplicando de manera informal hasta el momento, dando pie a los primeros “diseñadores”.

3.3. ¿Es necesario el diseño?
Desde me punto de vista, el diseño sí, por supuesto. El diseñador, sin embargo no es estrictamente necesario. El que sea un tipo de tarea diferente al resto no significa que no la pueda desempeñar la misma persona que lo fabrica. El diseñador no deja de ser un figura útil cuando esa tarea no se realiza correctamente, ya sea a nivel individual o a nivel, más frecuentemente, colectivo.

3.4. ¿Un diseñador tiene que estar especializado en algún campo?
No tengo una respuesta clara para esa pregunta. Yo creo, en principio, que sí. No creo que indispensable conocer todos los secretos de la técnica (el diseñador parte del “otro lado”), pero cuanto más enterado esté, mejor. Un buen diseñador de sillas conoce los materiales, va al taller, habla con el resto del equipo. Sin embargo, es cierto que un buen diseñador ha de poder trascender campos, levantar la vista del foco y plantear soluciones por encima de disciplinas, si procede. Un buen diseñador de sillas es capaz de proponerte que no tengas sillas, que mejor utilizar la escalera como asiento, si – por ejemplo – tu casa es pequeña.

Lecturas de verano

agosto 29, 2008

Odio las conferencias. No dudo de las innumerables ventajas de conocer gente, mundo y experiencias de primera mano pero, definitivamente, no van con ni con mi manera de ser ni con mis hábitos de aprendizaje favoritos.

Por eso, disfruto mucho más combinando -en playas, trenes y sofás- la lectura reposada y caprichosa de algunos libros de carácter un poco más técnico entre la cola literaria habitual en estas fechas.

Este verano, entre vacaciones y tardes libres, he acabado por hacer -sin pretenderlo- una especie de monográfico sobre la historia del diseño en sus diferentes formas.

Por un lado, gracias al chivatazo de Diego, conseguí en unos saldos un par de libritos de edición pésima -la mayoría de fotos en blanco y negro- pero que me gustaron bastante:

  • “El diseño gráfico” de Richard Hollis
H.N. Werkman

El estilo de H.N. Werkman

Para quien haya sido formado en diseño gráfico supongo que el libro de Hollis no le revelará grandes novedades pero para mí, que tenía una visión de la historia del diseño gráfico parcial y filtrada a través de la -más familiar- historia de la arquitectura y del arte, me ha resultado muy útil poder conocer una evolución que merece ser contada con nombres propios.

En líneas generales, me ha parecido que la historia del diseño gráfico es una historia de luchas: lucha contra las limitaciones de la imprenta, lucha entre la expresividad comercial americana y la funcionalidad europea, lucha entre visiones políticas alrededor de las grandes guerras…

Personalmente, me quedo con esa tercera vía estética, tan bonita, de H.N. Werkman, primero, y de Willem Sandberg, después. Impresiones en caliente muy rudimentarias, casi punk, con armazón modernista y cierta cadencia nostálgica.

La pena es la traducción, pésima, con momentos de “escritura automática” rayando la poesía. Mejor en inglés, seguro.

  • “El diseño desde 1945” de Peter Dormed
Raymond Loewy

Raymond Loewy

Idéntica traducción tiene el libro de Peter Dormed, que se centra un poco más en la historia del diseño de producto, industrial y de moda.

Con diferencia, me quedo con la parte de diseño de producto. Aquí cuenta con bastante detalle las estrategias de diseño que siguieron en Europa marcas míticas, como Braun, Philips u Olivetti o el despertar del diseño japonés.

Bueno, ¡y qué decir de Raymond Loewy! ¡Puro Hermanos Coen! Parece que el autor guarda cierta simpatía por el ideólogo de esa imagen americana de modernidad propia de los 50, tan antigua, tan bizarra, pero con auténticos toques de elegancia y atención al detalle. A mí ya me han atrapado tanto el personaje como la obra.

Finalmente, completé el ciclo con un libro bastante reciente sobre diseño de interacción que pedimos en la oficina:

  • “Designing interactions” de Bill Moggridge
Microsoft mouse

Microsoft mouse

Es una edición completamente opuesta a las anteriores, formato grande, muchas fotografías, un DVD con entrevistas, muchas referencias…

Sin embargo, el libro peca de excesivo, de rollero y de cierto amiguismo por parte del autor (Apple, IDEO, el Instituto de diseño de Ivrea). Hay que hacer un cierto trabajo por separar el grano de la paja.

Aunque, eso -por supuesto- no es obstáculo para un montón de apuntes interesantes: Desde los comentarios de los históricos pioneros del Xerox PARC (a los cuales debería conocer de la carrera), hasta unos reflexiones finales bastante enriquecedoras sobre la profesión de diseño de interacción y sus objetivos a distintos niveles.

Un detalle curioso es que, según el autor, el momento de gloria de Microsoft dentro de la historia del diseño de interacción es con su versión del ratón de dos botones, que -además- supuso un éxito de sus exhaustivos testeos con usuarios.

Interesante el que Apple haya conseguido mucho más en el terreno del software con una concepción intuitiva y coherente de diseño y que las pruebas con usuarios hayan dado sus frutos en la interacción física (donde Apple pinchó con su mouse, por cierto).

Aunque, si tengo que quedarme con algo, lo haría con el capítulo dedicado a diseño de servicios. Me gustó especialmente la parte de Live|Work, el concepto de empresa que tienen, los métodos de innovación que se extraen de los gráficos y la idea de la comunicación del diseño de servicios basada en fakes.

Si tomamos como base la propia afirmación de Moggridge de que los tipos de diseño se articulan a partir de sus restricciones, podríamos decir que el diseño de servicios es la necesidad de planificar maneras mejores de plantearse los servicios tradicionales.

Tal vez haya llegado el momento en el la interacción vaya más allá y dé un salto al otro lado del espejo, al mundo real. Ahí nos esperará, en mi opinión, el diseño de servicios.